Mitos y leyendas de San Cristóbal de las Casas

Antigua Catedral de San Cristóbal de las Casas, Chiapas

Mitos y leyendas de San Cristóbal de las Casas

Seres mágicos, almas en pena, apariciones sobrenaturales… Estos y muchos más hechos inexplicables ocurrieron durante la época de la Colonia en Chiapas.

Quizá, los relatos de los días en que San Cristóbal de las Casas era Ciudad de Real de Chiapa
-fundada por Diego de Mazariegos y un conjunto de colonos españoles tras la derrota de los tzotziles- son invenciones fantásticas creadas por personas sin oficio…

O quizá detrás de cada mito y de cada leyenda se esconde un poco de la verdad

¿Te animas a leerlas?

 

El Guajolote Emplumado

 

El Guajolote Emplumado

Cuenta la leyenda que… En 1890, existió una señora llamada María Patishtan que llegaba al mercado a vender únicamente un guajolote.

Quienes le compraban “el guajolote del día”, se sorprendían mucho porque al día siguiente este desaparecía misteriosamente del corral en donde lo habían puesto.

El verdadero misterio de la leyenda era la señora María, no el jolote.

María Patishtan era una bruja que convertía a su marido en un bonito guajolote para venderlo y timar a la gente de la localidad.

Todas las noches a las 12 am, el embrujo terminaba y el marido de María regresaba a su casa a disfrutar del dinero que ganaban.

Hasta el día de hoy, nadie sabe a cuantas personas de Las Piedrecitas engañaron María y su marido con sus trucos mágicos.

 

El Puerco Salvaje

 

El Puerco Salvaje

Cuenta la leyenda que… En 1903, en el Barrio El Cerrillo, Doña Macrina Ballinas compró un puerco que por las noches se dedicaba a espantar a los vecinos del barrio.

Al verlo la gente gritaba ¡Señor Mío!… Al puerco se le paraban los pelos del lomo, abría la trompa listo para morder y se podía ver como salían dos grandes colmillos… La gente echaba a correr y tras de ellos iba el malvado animal.

Los vecinos pensaban que era el demonio mismo por lo que en una noche de luna llena y cielo despejado, se encomendaron al Señor y salieron a las calles a darle caza. A las 3:00 am el marrano endemoniado apareció, sin embargo solamente lograron darle un machetazo antes de que desapareciera.

Cuando se hizo de día, Doña Macrina fue a dejarle maíz al puerco y lo encontró herido. Le aviso a su esposo y ambos acordaron que por el bien del barrio debían terminar con la vida del animal.

Al estar comiendo la carne del marrano, se dieron cuenta que el sabor era diferente… No sabía a puerco. Fue aquí que se dieron cuenta que no era un cerdo normal, sino un cerdo salvaje: un jabalí de la selva.

La Trenzuda

La Trenzuda

Cuenta la leyenda que… En el Barrio de San Antonio se aparece “La Trenzuda” un animal con cuerpo de pantera negra y rostro de mujer con una trenza larga en el cabello.

“La Trenzuda” se aparece ante hombres jóvenes y guapos, como un gato se restriega entre sus piernas o les lame las manos, y si se lo permiten les besa la cara o la boca, todo con la finalidad de llevarlos a lugares oscuros y silenciosos.

En una ocasión “La Trenzuda” se le apareció a un joven parrandero de 18 años llamado Pablo Solorzano y le dijo: “He estado esperando, sufriendo sola, buscando a quien me ame. ¿Tú me amaras?”

Pablo le contesto: “Si fueras mujer, te amaría”.

A lo que “La Trenzuda” contesto: “Dentro de 15 años seré mujer y vendré por ti para que estemos juntos”.

El tiempo paso y Pablo olvidó esa noche de copas. Pero al cumplir 33 años, desapareció misteriosamente sin dejar rastro…

El Caballo Descornado

 

El Caballo Descornado

Cuenta la leyenda que… En 1791, en el Barrio Cuxtitali, por las noches salía un extraño y bello caballo con dos cuernos -uno de ellos roto-. El corcel era tan rápido que únicamente se veía el polvo y las huellas que dejaba al pasar o se escuchaba su veloz trote a la distancia.

En ese entonces, las personas que salían de noche utilizaban hachones de ocote para iluminar su camino. Sin embargo, la luz no era suficiente y el caballo atropellaba o golpeaba a quien se pusiese en su camino.

Los vecinos de Cuxtitali comenzaron a llamarlo animal del infierno.

Para ahuyentar al mal espíritu que se estaba posesionando del barrio, se prendió incienso y se colocaron palmas benditas y cruces de madera en las calles. Incluso se pidió a los sacerdotes bendijeran las calles. Pero nada hacía que el corcel se fuera.

Pasaron los años, y después de 50 muertos y 180 heridos, un día sin previo aviso debajo de un manzano encontraron el cuerpo sin vida del caballo del infierno.

Al examinarlo con detalle, los vecinos se pudieron percatar que efectivamente no era un caballo común… Era un raro animal que habita en las montañas del cerro del Zonte Huitz… Era un unicornio.

*Historias adaptadas de los relatos del Maestro Rafael Narváez Lievano.

Autor: Casa Lum

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